
Pero fue en 1983, cuando La Tomatina salto
a la fama nacional e internacional, a consecuencia de un reportaje realizado
por el ya fallecido Javier Basilio en Informe Semanal de la época. Desde
entonces el éxito de esta popular fiesta se acrecentó hasta ser declarada Fiesta de
Interés Turístico Internacional en 2002.
Esta evolución ha llevado aparejada un aumento de los participantes directos y visitantes a la fiesta, donde se han llegado a computar más de 50.000 personas. La evolución de la Tomatina ha llevado
consigo también un cambio de su organización, ya que la afluencia masiva de
personas requiere una excepcional organización y procedimientos donde el
objetivo principal es garantizar el disfrute y la seguridad de las personas y
evitar incidentes y accidentes importantes, como así ha sido hasta hoy. Organizar un evento de estas características
requiere de la participación, implicación y coordinación de cientos de
personas, así como el establecimiento de reglas y normas.
Esta evolución ha llevado aparejada un aumento de los participantes directos y visitantes a la fiesta, donde se han llegado a computar más de 50.000 personas.


Los tomates se deben aplastar antes de su lanzamiento para que no hagan daño a nadie. No se debe romper las camisetas de otros participantes. Se recomienda el uso de gafas protectoras. El disparo de la carcasa indica que se da la Tomatina por finalizada y por lo tanto el lanzamiento de tomates. En todo momento deben seguirse las indicaciones del personal de seguridad.
Y llega el día M de miércoles. Los
camiones de tomate están a buen recaudo desde la noche anterior. A las 6.00 de
la mañana el dispositivo se pone en marcha. Las brigadas municipales limpian y
peinan las calles donde se repartirá el tomate, la Policía Local y Protección
Civil desalojan el recinto y colocan las vallas en los accesos de las calles,
creando un perímetro en las principales donde se reparte el tomate. Se
establecen las vías de evacuación, se colocan las ambulancias y los servicios
sanitarios, la Policía Local y la Guardia Civil controlan los accesos a Buñol,
ordenan el tráfico e indican a los visitantes los lugares de aparcamiento para
vehículos y autobuses. Los voluntarios de Protección Civil, indican a los
peatones la dirección para acceder a las calles principales, y dan
recomendaciones para que los participantes no lleven objetos personales para
evitar su perdida.
A las 10.00 de la mañana, las personas que
suben a los camiones para ayudar a repartir el tomate están preparadas y ordenadas
con sus correspondientes seguridades en cada camión. Los expertos conductores
tiene las órdenes precisas para la conducción y el reparto de miles de kilos de
tomates, auxiliados por voluntarios que franquean los camiones por el frente y
laterales, protegiendo a la gente y estableciendo un perímetro de seguridad al
paso de los camiones entre la multitud, a la vez que dirigen las maniobras del
conductor.
A las 11 en punto se dispara la carcasa
anunciadora del comienzo de la espectacular Tomatina de Buñol que durara 60
minutos de diversión, alegría, con una descarga de estrés y las propiedades del
tomate en la piel, que dejaran a los participantes como nuevos.
A las 12.00 la segunda carcasa anuncia la terminación
de la Fiesta de La Tomatina, a partir de ese momento queda prohibido tirar
tomates. Comienza el desalojo de los participantes de forma ordenada por la
calles de evacuación, el personal totalmente relajado busca agua en la zonas
indicadas para una primera limpieza, los vecinos de Buñol colaboran activamente,
proporcionando agua, devolviendo objetos personales, accediendo a sus casas
para utilización del servicio, y poniendo algún colirio a esos ojos que no
llevaban la debida protección.
Una vez se va despejando el recinto, las
brigadas municipales, bomberos y voluntarios, provistos de bombas de agua y las
herramientas oportunas, comienzan la limpieza de las calles, al igual que los
vecinos, suelos, fachadas y en general la vía pública quedara impoluta, mas aun
si cabe, el tomate dejara calzada y aceras como nuevas.
Como dijo Jack
Welch: El negocio debe ser divertido, pero para demasiada gente sólo es un
trabajo. Siempre he pensado que las fiestas son un buen modo de revitalizar la
organización. Siempre buscaba la manera de celebrar hasta la menor de las
victorias.