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viernes, 23 de junio de 2017

ESPAÑA Y EL REPARTO DE TRABAJO (PARTE III)

España, está considerado como el segundo país de la Unión Europea, en cuanto a superficie forestal se refiere, contamos con 2,7 millones de hectáreas, un poco más de la mitad de nuestro territorio, por delante de nosotros está Suecia. El 40% de esta superficie, es decir, unos 11 millones de hectáreas están protegidas. Estos son los datos que ofrece el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en el estudio de Diagnostico del Sector Forestal Español, que además analiza los bienes, servicios y beneficios de nuestros montes.
Esta riqueza forestal de madera, leña, papel y pasta, tuvo un déficit de más de 900 millones de euros en 2004, en el saldo comercial exterior, sin embargo en 2013, se convirtió en un superávit de 336 millones de euros. Todo esto a pesar de la situación de nuestros bosques, con falta de mantenimiento, desforestación e incendios, y casi nula repoblación.

El estudio mencionado también indica las líneas maestras de la política y gestión forestal sostenible del Plan de Activación Socioeconómica del Sector Forestal a desarrollar entre 2014 y 2020, algo de lo que se tiene poca información de resultados hasta 2017.

Nuestros bosques compuestos de pinos, ocupan mas extensión que las encinas, robles y alcornoques juntos. Los eucaliptos de plantación humana, ocupan casi lo mismo que las hayas, y más que las sabinas y enebros. El pino es protagonista pues tanto en el norte como en el sur de España, uno más resinero y el otro más maderero. De forma general nuestros bosques general 1,15 metros cúbicos por hectárea de madera, cantidad muy inferior a la otros países europeos con menos superficie forestal. La diferencia estriba en sus políticas económicas y medioambientales, con respecto a las masas forestales y el tratamiento de los bosques. Muestras tierras tienen una distribución de forma general del 37% terreno forestal, 13% de prados y pastos, 34% terrenos de cultivo y un 10% de otras superficies.

Pero, ¿Cuál es la realidad de nuestros bosques? Entre 2001 y 2011, se produjeron 187.239 incendios forestales, entre fortuitos, negligencias e intencionados, que arrasaron 1.239.524 hectáreas y provocaron 42 muertos y 233 heridos. Entre 2011 y hasta mayo de 2017, se han producido otros 56.931 incendios que han quemado 532.503 hectáreas. Si hacemos cuentas en los últimos 197 meses se han producido entre conatos e incendios un total de 244.170, que han calcinado 1.772.027 hectáreas. Esto significa que cada mes de media hemos tenido hasta mayo de 2017, 1.239 incendios y se han quemado 8.995 hectáreas de media al mes. De seguir así, esto puede suponer que a finales de 2020, tengamos unos 300.000 incendios y 2 millones de hectáreas quemadas. Datos estos muy alarmantes y que requieren de unas políticas muy concretas, activas y eficientes, no solo en la lucha contra incendios, sino también con el medio ambiente rural y forestal.
Pero 1.772.027 hectáreas, equivalen a 17.720 kilómetros cuadrados, que podrían convertirse en 2020 en 20.000 kilómetros cuadrados de extensión de terreno quemado, con lo cual nos quedarían 7.000 por quemar, solo el 26% de nuestra superficie forestal. En estos momentos y a falta de los datos definitivos de 2017, tenemos ya quemada el 65% de nuestra superficie forestal.
Pero hagamos números también desde dos perspectivas mas, la primera sobre la posibilidad de creación de empleo solo con la reforestación. Supongamos que de toda la superficie quemada solo se pueda repoblar en el 50%, esto supondría que tenemos 900.000 hectáreas disponibles, y que en cada hectárea se pueden plantar unos 400 árboles a una distancia de 5 metros, en principio se tendrían que plantar 360 millones de árboles.
Si atendemos al criterio de que un trabajador podría plantar 100 árboles en 8 horas de trabajo, se necesitaría un total de 3.600.000 jornadas de trabajo. Esta cantidad de jornadas equivalen a 16.364 contratos anuales, 32.727 semestrales o 65.455 trimestrales, que habría que dividir entre dos en el caso de un plan de ataque bianual.
La segunda perspectiva es sobre las pérdidas de la madera, en este caso estimamos también que las 900.000 hectáreas eran de madera, cuyo precio medio hemos calculados a 18 euros metro cubico. Es posible que se hayan quemado más de un millón de metros cúbicos con un valor de 18 millones de euros de esta materia prima.
En definitiva podemos concluir con este análisis que el segundo país de la Unión Europea en superficie forestal, no parece que le de un valor ni ecológico, ni medio ambiental, ni económico a su terreno.

El cambio climático ya es una realidad que desgraciadamente algunos políticos influyentes niegan, y achacan los desastres al tiempo que es así de cambiante según épocas.
La falta de inversión en los bosques, la falta de medios en la extinción de incendios forestales, los recortes, las políticas poco decididas en medio ambiente, y el hecho de no ser un tema preocupante para la mayoría de los españoles, alientan que el paso del tiempo haga mella en algo que es vital para la vida de las personas, como es la fabricación de oxigeno natural, la evitación de la desforestación y la desertización de nuestras tierras, la evitación de lluvias torrenciales y otros desastres. Si mañana cada español plantase un árbol, solo nos quedarían unos 300 millones que plantar.



sábado, 11 de marzo de 2017

Disminuir costos siempre es posible.

Una de las preocupaciones de cualquier empresa es el control de los costos, tanto los fijos como los variables, en definitiva tantos unos como otros tienen una repercusión en las cuentas de las empresas, siendo más o menos llevaderos en función de los ingresos, facturaciones o ventas netas. Es por ello que las empresas deben de llevar un estricto control de los gastos, de forma que se puede mantener un valor bruto añadido positivo, que pueda llevar a la empresa a tener beneficios netos, en mayor o menor medida y dependiendo de su propia actividad, la situación económica, y el comportamiento de los mercados.
Los costos fijos de una empresa son aquellos que debe asumir independientemente de la actividad o producción que realice. Es decir, aun cuando la empresa tenga poca actividad o poco producción a realizar, afectando de forma importante a las cuentas, a las finanzas y tesorería.
Arrendamientos, seguros, impuestos, etc.; son gastos que deben de pagarse con más o menos producción o con más o menos productividad. Los costos fijos empiezan a ser un problema para las empresas en la medida que los ingresos por la razón que sea empiezan a disminuir. Cuando los costos fijos son elevados en un periodo continuado de poca actividad, producción o facturación, la empresa puede entrar en pérdidas, algo que en general acarrea problemas para todos sus miembros. En estos casos es de obligado cumplimiento plantear una renegociación de estos costes, siempre que sea posible, de forma transitoria o temporal hasta volver a la normalidad productiva o al punto de inflexión. Los costos fijos suelen denominarse costos generales. Se denominan fijos pero en verdad cambian con el tiempo, pero no varían en función de la cantidad de producción de un periodo determinado. La situación ideal de una empresa seria solo tener costes variables, pero esto es poco probable, por lo que el ingenio debe jugar un papel importante, además de afianzar una buena política comercial y una búsqueda de la satisfacción total de los clientes, que sirva para fidelizar su comportamiento para con nuestros productos.
Por el contrario los costos variables si cambien en proporción de la actividad o producción de la empresa, si aumenta la producción será necesario aumentar la materia prima, las mercaderías, suministros varios, en definitiva los aprovisionamientos necesario para atender el aumento de la actividad o de la producción. Estos costes si aumentan de forma proporcional, por lo que suelen variar en función de las unidades producidas. La suma de ambos costos son los costos totales.
Para hacer una buena política de control de costos, no solo es necesario saber el costo real de la unidad de producción, resulta muy conveniente también, saber el costo sectorizado del producto en las diferentes partes del proceso, es decir, en la media que la materia prima, avanza en cada parte del proceso y transformación, como se va comportando a nivel de costos. Ya que en cada parte del proceso los aumentos no serán proporcionales, y es necesario saber en qué partes del proceso, los porcentajes de coste son más altos, para acometerlos en primer lugar.

Imaginemos que una empresa cualquiera, tiene unos gastos fijos mensuales de 10.000 euros, y su análisis de costos variables, da como resultado final que por cada unidad producida, hay que imputar 0,5 euros.








Sin duda en la medida que se realice más producción y se venda, el coste por unidad va disminuyendo, hasta llegar al punto de inflexión, es decir, el punto de equilibrio entre los ingresos y los gastos necesario para producir un determinado número de unidades. A partir de ese punto, los costos por unidad irán disminuyendo, esta situación es la típica de la economía de escala.
Ejemplo distribución de costos en proceso

Pero llegados a este punto, solo nos queda determinar los costes del producto en sus diferentes fases, es decir, cuanto aumenta el costo en cada parte del proceso. Siguiendo el ejemplo anterior, es claro, que los primeros análisis se deberían realizar en el Proceso 2, que consume un 40% del costo total, en este caso 0,5 euros/und. A mas a mas, realizando el análisis de Pareto y la curva ABC, se concluye que el 76% de costo ese detecta en las partes del proceso 2, 5 y 1.



Finalmente, si además somos conocedores de cuáles son los nuestros índices de aprovechamiento de las maquinas y de producción, (IAM) y (IAP) los cuales nos indicaran nuestra capacidad de producción, y que márgenes de mejoras disponemos, cerraremos el circulo, para buscar, encontrar y actuar sobre nuestros costes fijos y variables.









domingo, 29 de mayo de 2016

ESPAÑA Y EL REPARTO DE TRABAJO (PARTE II)

Toda Dirección de empresa o Gerencia debe tratar de aumentar la productividad de la actividad y de los trabajadores que la componen. El objetivo no es otro que obtener un retorno de la inversión y minimizar los gastos de forma que se beneficie el conjunto de la empresa y sus trabajadores. Pero muchas veces se realizan excesos de jornadas sin conocer que las mismas repercuten de forma negativa en la productividad y por lo tanto se aleja el objetivo del retorno de la inversión y aumentan los gastos.
Son muchos los estudios que indican que hay una clara incompatibilidad entre la productividad y las horas extras o excesos de jornada. La productividad de los trabajadores es una forma de medir la eficiencia de una organización, pero esta queda condicionada por varios factores, principalmente, la fatiga física y mental, entre otros. Estos estudios y sus investigadores han concluido que jornadas superiores a las 8 horas diarias o 40 semanales disminuyen la productividad entre un 12 y un 17%, según el tipo de trabajo.
El gobierno nipón, aprobó en abril de 2015 y entrada en vigor en 2016, con la aprobación del parlamento japonés, una normativa que limita la retribución de las horas extras de los trabajadores asalariados, con el fin de promover la productividad y evitar la práctica extendida  en este país de la prolongación de las jornadas de trabajo. Es decir, no más de 40 horas a la semana para todas las profesiones, con alguna excepción. Esta es una medida del primer ministro Shinzo Abe, que pretende reformar el mercado laboral nipón, como estrategia basada en el rendimiento y la productividad y no en la horas de presencia en los puestos de trabajo.
Pero la relación entre las horas extraordinarias y la productividad no es un tema novedoso, son mucho los investigadores, asociaciones empresariales, sindicatos y universidades, que vienen alertando y demostrando que las horas extras no solo son inútiles, sino que son perjudiciales para la salud, además de resultar improductivos aquellos trabajadores que las realizan de forma habitual, por ser innecesarias y no mejorar la productividad. La prolongación de la jornada y la realización de horas extras obedecen más a una tendencia de una cultura errónea de fidelidad a la empresa, que a la eficiencia en el trabajo.
En 1962 la Camara de Comercio, publico un documento que trataba de las ganancias de la productividad a consecuencia de la reducción de las horas de trabajo. Parece que en España está bien visto quedarse más tiempo en la oficina que el propio jefe, sin embargo este tiempo no es rentable ni productivo. La presencia en el puesto de trabajo, no garantiza el rendimiento adecuado en una organización, por lo tanto no tiene justificación.

Robert Owen nacio el 14 de mayo de 1771 y fallecio en 1858, fue un empresario británico, en el siglo XIX, promovió la teoría de que la calidad del trabajo tiene una relación directa con la calidad de vida, defendiendo las tres partes iguales de un día laborable. Lo hizo en su primera fábrica de Escocia. Casi treinta años después del fallecimiento de Owen, en 1886, siendo presidente Andrew Johnson, fue quien estableció la jornada laboral de 8 horas diarias con la Ley Ingersoll, pero el incumplimiento de los empresarios americanos, provoco las primeras propuestas de los trabajadores de Chicago, donde realizaron  huelgas y manifestaciones con una extensión del conflicto que afecto a mas de 400.000 trabajadores y 5.000 huelgas, todas ellas realizadas el 1 de mayo, motivo por el cual hoy en día, se celebra el día Internacional del Trabajo, en homenaje a los Mártires de Chicago. En España pasaron otros 30 años hasta que en 1919 en Barcelona se aprobó un decreto donde se reconocía la jornada laboral de 8 horas.
El Wall Street Journal publico un artículo de la escritora Laura Vanderkam que decía: "vivimos en una sociedad competitiva y preferimos lamentar nuestra falta de sueño, descanso y el exceso de trabajo para demostrar que estamos dedicados a nuestro trabajo al cien por cien, eso sí, de forma solo presencial. Lo cierto es que los trabajadores terminan mostrando síntomas de cansancio y fatiga, poco tiempo libre para la vida social y familiar y una desmotivación, y estrés, que hace que baje de forma importante su rendimiento en el trabajo y por ende la productividad.
Andrew Bauer, director ejecutivo de Royce Leather, empresa que se dedica a la fabricación de artículos de cuero desde 1974 en Nueva Jersey de Estados Unidos, de gran prestigio por la calidad de sus artículos, una vez tomó las riendas de la empresa en sustitución de su padre, observo que en la medida que sus trabajadores prolongaban el tiempo de trabajo disminuía la productividad. Ante esto realizo un experimento a la inversa, es decir, comprobar que si al reducir el tiempo de trabajo, aumentaría la productividad. Bauer realizo una prueba con 15 de sus trabajadores quienes estuvieron realizando una jornada de 7 horas diarias, los resultados no se hicieron esperar, sin merma económica, la producción y la productividad aumentaron un 15%, elevo la motivación del equipo de producción, mejoro la eficiencia de sus líneas, los trabajadores estaban más descansados y tenían más tiempo para sus familias.
En Gotemburgo, cuidad de Suecia, en julio del año pasado se adopto a modo de experimento, la realización de una jornada laboral de 6 horas diarias, una prueba que durara un año, es decir unos trabajadores realizaran 6 horas diarias y otros seguirán con su jornada habitual de 8 horas. Se trata de comprobar si los trabajadores que realizan 6 horas pueden alcanzar los mismos objetivos que con 8 horas. Si esto fuese así, el aumento de la productividad sería superior al 25%. Pronto sabremos las conclusiones del estudio, ya que hay muchos ojos puestos en este experimento.
 Jody Miller Greenstone, directora ejecutiva de Business Talent Group, consultara a nivel internacional, en su equipo tiene personal con diferentes jornadas de trabajo, desde 10 hasta las 40 horas, y comenta que la clave está en saber cuánto tiempo lleva cada tarea de las asignadas a cada cual. Dice que un gerente debe asegurarse que la gente no trabaje demasiado, porque si lo hacen no quedan satisfechos. Esta opinión es compartida por Debbie Carreau, directora ejecutiva de Inspired HR Ltd de Canadá. Manifiesta que más no significa mejor y que las personas no son productivas después de una semana de 37 horas.
Los expertos psicólogos del trabajo defienden que hay una gran diferencia entre invertir más horas de trabajo de forma puntual y trabajar más de 40 horas de forma habitual. Ya que no solo es improductivo sino que daña a la organización y al trabajador. Lo que al final se está convirtiendo en una realidad, es el reparto del tiempo de los días de trabajo, tres partes iguales, 8 horas para trabajar, 8 para descansar y 8 de tiempo libre. Ya son muchos los expertos que coinciden en que la productividad varia a lo larga de la jornada y que la mayor se alcanza entre las 5 y 6 primeras horas y que a partir de ahí esta disminuye pudiendo llegar a ser negativa, o que el nivel de errores y riesgo aumenta conforme aumenta la jornada.
Pero la Organización Internacional del Trabajo (OIT), profundiza aun mas en sus diversas publicaciones, Tiempo de trabajo decente y Tiempo de trabajo productivo. De estos documentos se pueden extraer conclusiones de interés. Las largas jornadas no garantizan una mayor eficiencia y competitividad, todo lo contrario, afectan de forma negativa a la productividad, ya que desmotivan a los trabajadores y realizan rendimientos bajos, además de aumentar el ausentismo laboral, por fatiga crónica, estrés, problemas emocionales y sociales. La OIT, recomienda jornadas laborales flexibles y un horario de trabajo decente, que permita horarios más sociales para los trabajadores y sus familias.
Parece que hay razones más que suficientes para asegurar que la reducción de largas jornadas o la eliminación de las horas extraordinarias, se convierten en ganancias debido al aumento de la productividad. La clave está en la organización adecuada de las horas de trabajo en función de cada actividad, economía del tiempo y optimización de los recursos, ya que al tener mejores horarios para poder atender asuntos personales y familiares, se incrementa el compromiso con la empresa y se garantiza un mayor rendimiento.

¿Qué nos hace pensar que estamos libres de estos estudios, opiniones y teorías? ¿Qué ocurre en España con las jornadas de trabajo?
La realidad de nuestras empresas a consecuencia de la crisis, es que, con menos empleados, con menos sueldos y con mas jornada se pretende sacar la misma cantidad de trabajo, y si pudiera haber visos de eficacia, no hay ninguna duda de que la eficiencia brilla por su ausencia, por lo que no hay productividad, valor este que nos alinea con la competitividad y una de las claves de éxito para nuestras empresas.

En España en 2008, según datos de la EPA, se realizaron 9,4 millones de horas extras a la semana, con 16,9 millones de asalariados, de estas 5,7 millones fueron retribuidas y 3,7 millones sin retribución ni compensación. (No se contemplan los excesos de jornada que han sido compensados con descanso). La suma de unas y otras equivale a un total de 413,6 millones de horas al año. Convertido en jornadas de 8 horas diarias la cifra resultante es de 51,7 millones de ellas, que equivalen a 235.000 jornadas anuales, el doble semestrales y casi un millón trimestrales. En 2012 estos datos variaron a la baja, a consecuencia de la crisis, con una disminución del 45% en cuanto a las horas extras se refiere, pero también se dio una reducción del 15% de los asalariados. Sin embargo en 2015, con un aumento del 4% de los asalariados con respecto a 2012, la tendencia de la realización de las horas extras y excesos de jornada, vuelve a experimentar un aumento con respecto a 2012 del 21%, de seguir este ritmo pronto se alcanzaran los valores de 2008, donde la media de exceso de jornada o de horas extraordinarias por trabajador asalariado fue de 25 horas anuales.
La posibilidad de combatir el desempleo está servida. Y a los seguidores de este blog, si recuerdan la primera parte del artículo, podrán concluir que el reparto del trabajo en España es una necesidad que solo aporta beneficios a nuestro país.

lunes, 18 de abril de 2016

LA TOMATINA DE BUÑOL: ¿Qué hay detrás?

La Tomatina de Buñol data desde el año 1945, según los historiadores y cronistas. La Fiesta de la Tomatina ha pasado por varias fases en sus 70 años de vida. Desde sus inicios, pocos años después, a primeros de los años 50, fue prohibida, pero siguió celebrándose incluso de forma ilegal con mas participantes, en 1957 fue de nuevo prohibida, esto provoco un masivo entierro del Tomate, un entierro en todo regla con banda de música y marchas fúnebres, posteriormente la fiesta de la gran batalla de tomates, se hizo oficial.
Pero fue en 1983, cuando La Tomatina salto a la fama nacional e internacional, a consecuencia de un reportaje realizado por el ya fallecido Javier Basilio en Informe Semanal de la época. Desde entonces el éxito de esta popular fiesta se acrecentó hasta ser declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2002. 

Esta evolución ha llevado aparejada un aumento de los participantes directos y visitantes a la fiesta, donde se han llegado a computar más de 50.000 personas. La evolución de la Tomatina ha llevado consigo también un cambio de su organización, ya que la afluencia masiva de personas requiere una excepcional organización y procedimientos donde el objetivo principal es garantizar el disfrute y la seguridad de las personas y evitar incidentes y accidentes importantes, como así ha sido hasta hoy. Organizar un evento de estas características requiere de la participación, implicación y coordinación de cientos de personas, así como el establecimiento de reglas y normas.
Las personas implicadas empiezan a trabajar en la organización semanas antes de la celebración, el ultimo miércoles del mes de agosto. Una hora de duración, requiere muchas horas de organización y de trabajo. La organización de la Tomatina se puede dividir en tres fases: antes, durante y después.

Cada año se hace un repaso del desarrollo de la fiesta de la Tomatina del año anterior, para ello se reúnen la Comision de Fiestas, Concejales, Policía Local, Protección Civil, Junta de Seguridad, y Guardia Civil, voluntarios, etc, se estudian los problemas y se plantean soluciones y mejoras. La coordinación de todos los implicados es fundamental. Un equipo humano que tiene como objetivo que la fiesta se desarrolle mejor cada año. Se establecen las normas, recomendaciones y avisos tanto para los visitantes, participantes y vecinos. Los bares y restaurantes son avisados de la prohibición de utilizar vidrio 12 horas antes de la celebración. Se retiran los contenedores de residuos y se avisa a los vecinos de la prohibición de aparcar en la zona del recinto y en las calles de acceso de las salidas de emergencia. Se habilitan y señalizan las zonas de duchas y limpieza para las personas participantes. Se publicitan en varios medios las normas de obligado cumplimiento, tales como: Sólo se pueden lanzar tomates. No se deben lanzar ningún objeto que puedan provocar daños o accidentes. No se debe romper las camisetas de otros participantes. Hay que tener cuidado al paso de los camiones que transportan los tomates. 
Los tomates se deben aplastar antes de su lanzamiento para que no hagan daño a nadie. No se debe romper las camisetas de otros participantes. Se recomienda el uso de gafas protectoras. El disparo de la carcasa indica que se da la Tomatina por finalizada y por lo tanto el lanzamiento de tomates. En todo momento deben seguirse  las indicaciones del personal de seguridad.
Y llega el día M de miércoles. Los camiones de tomate están a buen recaudo desde la noche anterior. A las 6.00 de la mañana el dispositivo se pone en marcha. Las brigadas municipales limpian y peinan las calles donde se repartirá el tomate, la Policía Local y Protección Civil desalojan el recinto y colocan las vallas en los accesos de las calles, creando un perímetro en las principales donde se reparte el tomate. Se establecen las vías de evacuación, se colocan las ambulancias y los servicios sanitarios, la Policía Local y la Guardia Civil controlan los accesos a Buñol, ordenan el tráfico e indican a los visitantes los lugares de aparcamiento para vehículos y autobuses. Los voluntarios de Protección Civil, indican a los peatones la dirección para acceder a las calles principales, y dan recomendaciones para que los participantes no lleven objetos personales para evitar su perdida.
A las 10.00 de la mañana, las personas que suben a los camiones para ayudar a repartir el tomate están preparadas y ordenadas con sus correspondientes seguridades en cada camión. Los expertos conductores tiene las órdenes precisas para la conducción y el reparto de miles de kilos de tomates, auxiliados por voluntarios que franquean los camiones por el frente y laterales, protegiendo a la gente y estableciendo un perímetro de seguridad al paso de los camiones entre la multitud, a la vez que dirigen las maniobras del conductor.
A las 11 en punto se dispara la carcasa anunciadora del comienzo de la espectacular Tomatina de Buñol que durara 60 minutos de diversión, alegría, con una descarga de estrés y las propiedades del tomate en la piel, que dejaran a los participantes como nuevos.
A las 12.00 la segunda carcasa anuncia la terminación de la Fiesta de La Tomatina, a partir de ese momento queda prohibido tirar tomates. Comienza el desalojo de los participantes de forma ordenada por la calles de evacuación, el personal totalmente relajado busca agua en la zonas indicadas para una primera limpieza, los vecinos de Buñol colaboran activamente, proporcionando agua, devolviendo objetos personales, accediendo a sus casas para utilización del servicio, y poniendo algún colirio a esos ojos que no llevaban la debida protección.
Una vez se va despejando el recinto, las brigadas municipales, bomberos y voluntarios, provistos de bombas de agua y las herramientas oportunas, comienzan la limpieza de las calles, al igual que los vecinos, suelos, fachadas y en general la vía pública quedara impoluta, mas aun si cabe, el tomate dejara calzada y aceras como nuevas.
Como dijo Jack Welch: El negocio debe ser divertido, pero para demasiada gente sólo es un trabajo. Siempre he pensado que las fiestas son un buen modo de revitalizar la organización. Siempre buscaba la manera de celebrar hasta la menor de las victorias.

sábado, 9 de abril de 2016

50 años de IPC

El presente artículo de opinión trata de la evolución del Índice de Precios al Consumo (IPC), desde 1965 hasta 2015. En este largo periodo como se puede observar en el gráfico, los altibajos han sido variados.
Pero destacamos dos partes del periodo analizado, el comprendido entre 1965 y 1977, donde se da una tendencia alcista, llegando al 26,40% en 1977, y el periodo comprendido entre 1978 y 2015, donde se da una clara tendencia a la baja, fundamentalmente en el último año, donde el IPC llega a ser negativo.
Durante este periodo se destacan dos años: 1977 con el IPC más alto de los 50 años analizados y 2014 con el IPC más bajo del periodo.
Como todos sabemos el IPC, es un valor numérico porcentual que refleja las variaciones que experimenta los precios de los productos (no todos), en un periodo determinado, en este caso de forma anual. O dicho de otra forma lo que cuesta vivir o el coste de la vida.
En el periodo analizado destacamos varias cosas, por ejemplo, los duros años del inicio de la democracia donde el IPC parecía que no tenia fin en sus subidas, algo que mucha gente utilizo a efectos de comparar la situación con el franquisco, como si en épocas anteriores la cosa hubiera sido siempre boyante, o la entrada de España en el euro, por la reconversiòn de las pesetas a euros. Ya solo los avanzados en edad, cada vez menos, seguimos mentalmente haciendo el calculo a efectos de saber el valor como referencia, asimilado al coste de las cosas. Pero era inevitable hacer referencia  a nuestra vieja peseta. Hoy en día todas estas cosas han pasado a mejor vida, y nuestros jóvenes ni saben, ni se acuerdan de las pesetas.
La realidad es que entre 1965 y 1975, el IPC medio anual fue del 8,86%, entre 1976 y 1985, fue del 15,13%, entre 1986 y 1995, del 5,64%, entre 1996 y 2005, del 2,97% y entre 2006 y 2015, el IPC medio ha sido de 1,67%. Por lo que podemos afirmar con seguridad que los años de democracia nos ha proporcionado una menor subida del coste de la vida de forma general.
Por otro lado, mientras en España en 2015 el SMI estaba en 757 euros mes con las dos pagas incluidas, otros países de nuestro entorno en Europa lo tenían en casi el doble que el nuestro, si bien es cierto, que estos países llevan muchos más años que nosotros en democracia.

Además está el salario medio mensual en España, este, cifrado en 2014 en unos 1.634 euros, aproximadamente, solo por encima de Portugal y Grecia, y muy lejos del salario medio de países de nuestro entorno europeo. Pero nuestro salario medio también está sujeto a diferentes variaciones según la Comunidad o el sector. 

Cabe preguntarse cuanto de caro o de barato le parece a un ciudadano de Extremadura, un kilo de patatas en función de su salario medio, y lo mismo a un ciudadano del País Vasco.
En cuanto al salario medio de los sectores ocurre exactamente lo mismo. Las diferencias porcentuales son incluso superiores a los salarios medios por comunidades.
El salario medio de un trabajador de la hostelería es un 37% inferior a la media general, mientras que el salario medio del sector de la energía esta en un 131% superior a la media general. Las diferencias entre el salario medio y hostelería y el salario medio del sector de finanzas y seguros son de casi el 200% y en el caso del sector de energía la diferencia es superior.
Aquí, cabe preguntarse cuanto de caro o de barato le parece a un trabajador de Hostelería, un kilo de patatas en función de su salario medio, y lo mismo a un trabajador del sector de finanzas o de energía. 


Volviendo a IPC, veamos como a afectado a 4 alimentos de uso común en la ciudadania.
Un litro de leche  en 1965 costaba 6 pesetas, en 1975 paso a 21 pesetas, en 2000 paso a 98 pesetas, en 2008 subió a 159 pesetas y en 2012 bajo 129 pesetas. (Los precios referidos son medias).
Sin embargo si aplicamos las subidas arrastradas al precio de inicio de la leche, podemos observar que en 1975 con la aplicación de IPC la leche debió valer 15,13 pesetas el litro y no 21. Pero en 2000 su precio fue de 98 pesetas cuando el IPC aplicado hubiera subido la leche a 121 pesetas por litro. En 2008, su precio era de 159 pesetas cuando la aplicación de IPC la hubiera dejado en 154,25 pesetas, y finalmente en 2012 el mercado marcaba 129,78 pesetas por litro, cuando el IPC la hubiera subido hasta las 168 pesetas.

Un litro de aceite de oliva en 1965 costaba 20 pesetas, en 1975 paso a 72 pesetas, en 2000 paso a 375 pesetas, en 2008 subió a 547 pesetas y en 2012 bajo 452 pesetas.
Sin embargo si aplicamos las subidas arrastradas al precio de inicio del aceite, podemos observar que en 1975 con la aplicación de IPC el aceite debió valer 50 pesetas el litro y no 72. Pero en 2000 su precio fue de 375 pesetas cuando el IPC aplicado hubiera subido el aceite a 403 pesetas por litro.
En 2008, su precio era de 547 pesetas cuando la aplicación de IPC la hubiera dejado en 514 pesetas, y finalmente en 2012 el mercado marcaba 452 pesetas por litro, cuando el IPC la hubiera subido hasta las 551 pesetas.

Un kilo de azúcar en 1965 costaba 10 pesetas, en 1975 paso a 37 pesetas, en 2000 paso a 145 pesetas, en 2008 subió a 154 pesetas y en 2012 llegó a 161 pesetas.
Sin embargo si aplicamos las subidas arrastradas al precio de inicio del azúcar, podemos observar que en 1975 con la aplicación de IPC, la azúcar debió valer 25 pesetas el kilo y no 37. Pero en 2000 su precio fue de 145 pesetas cuando el IPC aplicado hubiera subido el kilo de azúcar a 202 pesetas por litro.
En 2008, su precio era de 154 pesetas cuando la aplicación de IPC la hubiera dejado en 257 pesetas, y finalmente en 2012 el mercado marcaba 161 pesetas por kilo, cuando el IPC la hubiera subido hasta las 281 pesetas.


Un kilo de patatas en 1965 costaba 2,5 pesetas, en 1975 paso a 7 pesetas, en 2000 paso a 115 pesetas, en 2008 subió a 133 pesetas y en 2012 bajo 139 pesetas.
Sin embargo si aplicamos las subidas arrastradas al precio de inicio de las patatas, podemos observar que en 1975 con la aplicación de IPC, la patata debió valer 6,30 pesetas el kilo y no 7. Pero en 2000 su precio fue de 115 pesetas cuando el IPC aplicado hubiera subido el kilo de patatas a 50 pesetas. En 2008, su precio era de 133 pesetas cuando la aplicación de IPC la hubiera dejado en 64 pesetas, y finalmente en 2012 el mercado marcaba 140 pesetas por kilo, cuando el IPC la hubiera bajado hasta las 70 pesetas.
Esto significa que entre 1965 y 1975 el litro de leche subió a razón de un 22,65% al año. Entre 1976 y 2000 lo subida media anual fue del 14,71%. Entre 2001 y 2008 subió a razón del 7,87% y entre 2007 y 2012 bajo en un menos 4,69%.
Entre 1965 y 1975 el litro de aceite subió a razón de un 23,64% al año. Entre 1976 y 2000 la subida media anual fue del 16,83%. Entre 2001 y 2008 subió a razón del 5,75% y entre 2007 y 2012 bajo en un menos 4,33%.
Entre 1965 y 1975 el kilo de azúcar subió a razón de un 24,50% al año. Entre 1976 y 2000 la subida media anual fue del 11,70%. Entre 2001 y 2008 subió a razón del 0,84% y entre 2007 y 2012 subió un 1,08%.
Entre 1965 y 1975 el kilo de patatas subió a razón de un 16,36% al año. Entre 1976 y 2000 la subida media anual fue del 61,71%. Entre 2001 y 2008 subió a razón del 1,97% y entre 2007 y 2012 subió un 1,25%.

Por lo que de esta información y análisis podemos concluir varias cosas:

  1. La mayores subidas de los IPC anuales se dan antes de la democracia.
  2. En democracia los IPC van disminuyendo de forma muy significativa.
  3. Después de la entrada en el euro la subida porcentual de precios de los alimentos analizados disminuye de forma importante comparados con los porcentajes antes de la entrada en el euro.
  4. La sensacion de que una vez instaurado el euro, la vida es mas cara, tiene que ver mas con los salarios que con la nueva moneda, si bien en algunos productos esta sensacion es real.
  5. La percepción de que el coste de la vida es mas caro con el euro, es diferente en función de los salarios que se perciben en las Comunidades Autónomas y en los sectores de actividad.

lunes, 14 de marzo de 2016

15 años de la evolución de las empresas en España. (Conclusiones)

En el total de las empresas analizadas en función del numero de trabajadores, entre los años 2000 y 2015, el balance es positivo, con una aumento general de un 22,79%, es decir en 2015, España tenía 591.486 empresas más que en 2000. En este periodo se creaban una media anual de casi 40.000 empresas.
Los mayores porcentajes de aumentos de empresas se dan en las empresas de más de 1.000 trabajadores con un aumento de un 69,16% entre 2000 y 2015. Resultando una media anual de crecimiento de 22 empresas por año.
Posteriormente están las empresas entre 500 y 999 trabajadores, con un aumento de este periodo de un 34,43%, con un crecimiento anual medio de 16 empresas.
Seguidas de las empresas de entre 1 y 2 trabajadores que experimentan un aumento del 35,09% y un crecimiento anual medio de 15.583 empresas.
Pero estos datos son muy diferentes en otras agrupaciones de empresas según el número de trabajadores. Las empresas de entre 20 y 49 trabajadores descienden en el periodo analizado en un 21,47%, por lo que se produce una pérdida en el periodo de 10.754 empresas a una media anual de 717 empresas desaparecidas por año.
Las siguientes empresas más perjudicadas son las de entre 10 y 19 trabajadores, donde desaparecen el 16,12% de ellas, con una perdida en el periodo de 13.741 empresas, a una media de 916 empresas desaparecidas por año.
Y las empresas de entre 50 y 99 trabajadores con una pérdida del 6,95%, y una perdida en el periodo de 859 empresas o una media de 57 empresas desaparecidas por año.
Esta realidad, (según los datos de INE), en este largo periodo debe ser analizada, desde dos perspectivas, el periodo de crecimiento y el periodo de decrecimiento. Es decir que ocurre entre el año 2000 y 2008, y que ocurre entre 2008 y 2015.
Hasta el año 2008 todas las agrupaciones de empresa experimentan un crecimiento que oscila entre el 79,23% y el 23,78%. Sin embargo en el periodo de 2008 a 2015, ocurre todo lo contrario, todas las agrupaciones de empresas experimentan un descenso entre el 36,64 y el 5,62%. Entre 2008 y 2015, desaparecen un total de empresas 33.623, de las cuales 32.338 pertenecen a las agrupadas entre 1 y 49 trabajadores. 
2000-2015
2000-2008
2008-2015
Diferencia
Media
Diferencia
Media
Diferencia
Media
Total empresas
591.486
39.432
826.847
103.356
-   235.361
-     33.623
Sin asalariados
336.781
22.452
337.153
42.144
-         372
-            53
De 1 a 2
233.748
15.583
292.657
36.582
-    58.909
-       8.416
De 3 a 5
40.770
2.718
99.188
12.399
-    58.418
-       8.345
De 6 a 9
3.993
266
51.926
6.491
-    47.933
-       6.848
De 10 a 19
-    13.741
-    916
25.110
3.139
-    38.851
-       5.550
De 20 a 49
-    10.754
-    717
11.854
1.482
-    22.608
-       3.230
De 50 a 99
-         859
-      57
3.880
485
-      4.739
-          677
De 100 a 199
555
37
2.688
336
-      2.133
-          305
De 200 a 499
430
29
1.601
200
-      1.171
-          167
De 500 a 999
240
16
420
53
-         180
-            26
Más de 1000
323
22
370
46
-           47
-              7

Si analizamos también que ha ocurrido en España con la evolución del desempleo, es muy fácil concluir que en España, el aumento del paro, tiene una relación directa con el cierre de empresas de las agrupaciones de trabajadores comentada, es decir, la pequeña y mediana empresa y sus trabajadores son quienes mas han sufrido los azotes de la crisis.
Es el año 2008 a todos los efectos, el punto de partida que indica que las empresas van desapareciendo o disminuyendo y que el desempleo aumentó de forma alarmante, hasta llegar a la cifra de 6.021.000 desempleados en el cuarto trimestre de 2012.  Sin embargo entre el cuarto trimestre de 2002 y el cuarto trimestre de 2008 el paro aumentó en 974.000 personas, cuando se estaba dando un crecimiento de empresas medio anual de 100.000 empresas por año. Pero desde el cuarto trimestre de 2008 al cuarto trimestre de 2009, es decir, en un año, el paro aumenta en 1.128.200 personas, en el primer año que comienza el descenso del número de empresas. Sin embargo en ese año solo desaparecen 66.049 empresas. Es claro que los aumentos del paro atienden a la desaparición o cierre de empresas y a los descensos de plantillas de las existentes fundamentalmente en las Pymes.


Las PYMES españolas cumplen un papel económico y social muy importante, en la economía y en los mercados. Para ello es necesario fortalecer las gestiones y aumentar las ayudas.
Es muy importante conocer con exactitud los costes de los productos o servicios que se ofertan y sus niveles de calidad. No es admisible estimar estos costes por intuición.
Una buena gestión de la contabilidad real y no la que cumple la obligación fiscal, nos servirá para tomar decisiones tanto estratégicas como tácticas y operativas.
Una buena organización y control de las productividades nos ayudara a saber dónde estamos y a donde vamos.
Es necesario que cada una de ellas tengan un plan estratégico, donde se fijen los objetivos, para desarrollar una gestión a medio y largo plazo. El empresario no puede ser un administrador que reaccione en función de las situaciones de su entorno de competencia a hechos consumados.
Debe manejarse información precisa sobre los mercados internos y externos y sus necesidades, como posibilidad de introducción de los productos.
Es necesario proyectar las empresas con reservas de recursos, así como la formalización de créditos blandos por parte de las administraciones, de forma que se erradique el actual apalancamiento de los créditos otorgados en el corto plazo por proveedores o terceros que operan fuera de los mercados financieros tradicionales, ya que los intereses medios están por encima de un 20%, lo que provoca en la mayoría de los casos perdidas y asfixia económica que termina con el cierre de las empresas.
Las asociaciones empresariales y las administraciones deben crear mecanismo fluidos de información y de intervención, para con todo tipo de ayudas publicadas en los diarios y boletines oficiales. Prestamos a inversiones e investigación, ayudas a la contratación, ventajas fiscales, etc.
Se trata pues de sembrar, cultivar y recolectar políticas y acciones encaminadas a atender y fortalecer a las empresas que generan mayor numero de puestos de trabajo, y por lo tanto mayores cantidades en los ingresos a las arcas publicas.